E l problema de la cumbre europea no era alcanzar un acuerdo que facilitase el segundo rescate de Grecia, sino la formulación de un plan que pusiese fin a la serie de rescates que se adivinaba en el horizonte, y que dejase claro que no habrá segundas oportunidades para quien no ponga en orden sus cuentas públicas. Y eso solo lo estaba defendiendo Angela Merkel, a la que, además de reconocerle una impecable lealtad con la política, hay que darle casi toda la razón.
