La crisis que durante semanas ha agotado las energías de EE UU ha servido para situar a los dos grandes partidos norteamericanos en sus posiciones de salida de cara a la campaña de 2012 y, especialmente, para confirmar a Barack Obama como aspirante a la reelección con la etiqueta de centrista. Demócratas y republicanos inician ahora lo que será una dura y apasionante competencia entre dos modelos muy diferentes de Estado y dos visiones contradictorias sobre los EE UU del futuro.
