En un fuerte y duro discurso pronunciado ante grupos de católicos alemanes con los que se reunió en Friburgo (suroeste) el papa Ratzinger ha dicho ayer que la Iglesia necesita una «fuerte renovación», que tiene que «despojarse» de su riqueza terrenal y de su poder político y abrirse a las preocupaciones del mundo y ha asegurado que las épocas de secularización han contribuido a su purificación y a su reforma interior.
