La impaciencia de los matarifes ha estropeado esta mañana a los tordesillanos el acto mayor de sus fiestas: la muerte por lanceo de un toro a manos de los mozos.En Tordesillas las críticas por la barbarie de semejante práctica se viven como una afrenta. Hay una especie de jaculatoria que se invoca ante el menor atisbo de desaprobación: “Es la tradición”. Y ya no hay más argumento.
