La capital china amaneció ayer de rojo para celebrar la apertura del XVIII Congreso del Partido Comunista.Banderas rojas e insignias comunistas, el tránsito prohibido en la plaza de Tiananmen —salvo para los delegados y la prensa acreditada— o el aumento de presencia policial eran algunos de los signos que marcaban en Pekín el inicio del cónclave de siete días, del que saldrán loslíderes de la próxima década.
