En la planta sólo han quedado 50 de sus 800 operarios. Tienen por delante una misión histórica: intentar refrigerar los reactores de Fukushima afectados por el seísmo. Son la última brigada, el último equipo que emprenderá un intento a la desesperada de mantener los núcleos de los tres reactores golpeados a un nivel de refrigeración adecuado mediante el bombeo de agua de mar.
