Los voceros y representantes de todas las arenas políticas suelen exhibirse preocupados y furiosos ante cada actualización de la exorbitante cifra de hambrientos en el mundo. Parecería ser algo que sensibiliza intensamente a todos por igual. En esto, supuestamente, no habría ideología. Cuando se presentan las usuales imágenes de escuálidos niños africanos no hay discusión que valga porque se reconoce unánimemente al hambre como algo injusto.
