Las perspectivas “medianamente optimistas” que cifraban en 2011 el año del final de la crisis, “se han visto enturbiadas en las últimas semanas a raíz de la ralentización de la recuperación económica mundial, sobre todo en los países desarrollados, las dudas por la situación del sector financiero, y, en especial, por la crisis de la deuda pública y privada”.
