El príncipe Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock se dieron el sí quiero ante más de 3.000 invitados en un entorno incomparable y rodeados de glamour, pero la boda del Principado de Mónaco careció de emoción y de lo que suele caracterizar todas las uniones que se realizan entre personas de la monarquía y ciudadanos de a pie: la pasión del enamoramiento.
